Las preguntas que hay que hacer en la visita
La visita dura veinte minutos y casi todo el mundo los gasta mirando la habitación. La habitación ya la has visto en las fotos.
Una visita dura veinte minutos, a veces diez. Y casi todo el mundo los gasta en la habitación: mira el armario, calcula si cabe el escritorio, asiente, da las gracias y se va. La habitación ya la habías visto en las fotos.
Lo que no sale en ninguna foto es todo lo demás: cómo suena la calle a las once de la noche, si el agua caliente tarda, por qué se va la persona que dormía ahí y qué pasa cuando la caldera se rompe en pleno invierno. La visita es para eso. Estas son las preguntas, agrupadas por a quién se le hacen.
Ve a la hora en la que vas a vivirlo
Casi todas las visitas se hacen a media tarde, que es la hora más favorable de cualquier piso: hay luz, no hay nadie en casa y la calle está tranquila. Si puedes elegir, pide ir a la hora que de verdad vas a estar allí — por la noche si estudias de noche, a las ocho de la mañana si madrugas.
Y llega cinco minutos antes para quedarte en el portal. Cinco minutos en la calle te dicen si hay un bar debajo, si el autobús pasa cada diez minutos o cada media hora y si la cuesta que en el mapa eran doscientos metros es una cuesta de verdad. Eso lo vas a hacer todos los días durante un año.
Lo que se comprueba, no se pregunta
Hay cosas que no tiene sentido preguntar, porque la respuesta siempre es que sí. Se comprueban, y se tarda un minuto: abre el grifo del agua caliente y cuenta cuánto tarda en salir. Abre y cierra la ventana de tu habitación. Mira si hay enchufes donde va a estar la mesa, o si vas a vivir con un alargador cruzando el suelo. Mira el techo de las esquinas y detrás de la puerta, que es donde aparece la humedad. Y mira el móvil: si no hay cobertura en la habitación, lo vas a notar todos los días.
Dedica más tiempo al baño y a la cocina que a la habitación. La habitación es tuya y la vas a tener como quieras; en el baño y la cocina es donde la convivencia se nota o se rompe. Cuántos hay, en qué estado están y si hay sitio para las cosas de cuatro personas a la vez.
Las preguntas a los compañeros
Si el piso lo enseñan ellos, es la parte importante de la visita, porque son las personas con las que vas a convivir. Y no hay que ponerse solemne: son preguntas normales dichas en tono normal.
¿Por qué se va quien estaba aquí? Es la que más información da de toda la lista. Si acabó la carrera, se va a otra ciudad o se muda con su pareja, todo normal. Si la respuesta se vuelve vaga, o cada uno dice una cosa distinta, ahí hay algo que merece la pena entender antes de firmar.
¿Cómo os organizáis con la limpieza? Lo que buscas no es un sistema perfecto, es que exista alguna respuesta. «Cada uno lo suyo y ya» significa que nadie limpia la cocina. Un turno, aunque se cumpla a medias, significa que alguna vez se sentaron a hablarlo.
¿Qué fue lo último por lo que discutisteis? Suena a pregunta incómoda y es la más reveladora. Todo el mundo ha discutido por algo; quien dice que nunca, o no lleva mucho tiempo o no te lo va a contar. La respuesta te dice cómo gestionan un roce, que es lo único que de verdad importa.
¿Cómo va el tema de las visitas y las parejas? Es la fuente de conflicto más común y la que menos se habla antes. No hay respuesta correcta, hay respuestas compatibles con la tuya.
¿Cómo pagáis los gastos? A partes iguales, quién tiene los suministros a su nombre, si hay bote común. Es también donde se ve si en este piso las cosas se hablan o se improvisan. Lo que conviene cerrar el primer día está en cómo repartir los gastos sin discutir cada mes.
Y una que no es una pregunta: fíjate en cómo se hablan entre ellos mientras te lo enseñan. Veinte minutos de gente conviviendo delante de ti valen más que cualquier respuesta.
Las preguntas al propietario
Aquí cambia el registro: no estás comprobando si encajáis, estás comprobando qué te van a pedir y qué vas a recibir.
¿Qué incluye el precio? Luz, agua, gas, internet, comunidad, basuras. Una habitación de cincuenta euros menos con los gastos aparte puede salir más cara, y en invierno bastante más.
¿Quién arregla qué, y en cuánto tiempo? La pregunta de verdad no es quién paga la caldera —eso suele estar claro—, es a quién se avisa y qué pasa si tarda una semana. Cómo te contesten esto es la mejor previsión que vas a tener de cómo va a ser el año.
¿El contrato es uno para todos o uno por habitación? No es un detalle administrativo: cambia qué pasa si uno de los cuatro deja de pagar o se marcha a mitad de curso. La diferencia está explicada en la guía de contrato solidario o individual.
¿Cuánta fianza, y cuándo se devuelve? Una cantidad fuera de lo normal es en sí misma una señal, así que conviene saber de antemano qué es lo habitual y dónde se deposita: está en la guía de la fianza.
¿Cuánto dura y qué pasa al final? Si el contrato es de temporada o de vivienda habitual, y qué ocurre si quieres quedarte otro año o irte antes. Y ¿hay algo pendiente de arreglar? — si la respuesta es sí, que quede por escrito con una fecha, no como promesa en la puerta.
Tres respuestas que son motivo para no firmar
Evasión con el contrato. «Ya lo vemos», «es un contrato normal», «te lo paso más adelante». Quien va a alquilarte una habitación sabe qué contrato usa. Si no lo dice, no es despiste.
«Eso ya lo arreglaremos» sobre algo que ves roto. Lo que no está arreglado el día que te lo quieren alquilar es lo que menos se va a arreglar cuando ya vivas ahí. O tiene fecha por escrito, o no existe.
Prisa para cerrar en la misma visita. Que haya más gente interesada es normal en temporada alta y te lo van a decir. Pedirte dinero antes de que exista un documento es otra cosa, y no hay ninguna versión buena de eso.
La lista, junta
| A quién | La pregunta | Qué estás comprobando en realidad |
|---|---|---|
| Nadie | Abre el agua caliente y cuenta | Si la caldera funciona de verdad |
| Nadie | Mira esquinas y techo | Humedad |
| Nadie | Mira el móvil en la habitación | Cobertura |
| Compañeros | ¿Por qué se va quien estaba aquí? | Si hay algo que no te están contando |
| Compañeros | ¿Cómo os organizáis la limpieza? | Si en este piso las cosas se hablan |
| Compañeros | ¿Por qué discutisteis la última vez? | Cómo gestionan un roce |
| Compañeros | ¿Visitas y parejas? | Si vuestros límites son compatibles |
| Propietario | ¿Qué incluye el precio? | El coste real, no el del anuncio |
| Propietario | ¿A quién aviso y en cuánto se arregla? | Cómo va a ser el año entero |
| Propietario | ¿Contrato único o por habitación? | Qué pasa si otro se va o no paga |
| Propietario | ¿Hay algo pendiente de arreglar? | Si va a quedar por escrito o en una promesa |
Si no puedes ir en persona
Pasa constantemente: te mudas a mitad de curso, buscas desde otra ciudad o el piso está ocupado hasta final de mes. La alternativa no es fiarte de las fotos, es quedar por videollamada y hacer el mismo recorrido con quien te lo enseña: el grifo, la ventana, el pasillo, los enchufes. Un vídeo grabado no sirve para esto; en directo, sí.
Cómo plantearla para que sea una conversación normal y no un interrogatorio está en quedar por videollamada antes de decidir. En doMate la cita se acuerda dentro de la misma conversación, sin intercambiar números: propones día y hora o reservas uno de los huecos que el propietario tiene abiertos, eliges si es presencial o por videollamada, y queda en la agenda de los dos con sus recordatorios.
Después de la visita
Lo que se acordó hablando se olvida en cuatro días, y no por mala fe: se olvida porque nadie lo escribió. Si te dijeron que el armario se cambia, que internet está incluido o que puedes entrar el día 28, escríbelo en el mismo sitio donde estabais hablando, en cuanto salgas, aunque sea en una sola frase.
Ahí es donde una conversación que vive entera en un sitio vale lo que cuesta: la visita, lo que se prometió y la avería que reportaste meses después quedan en el mismo hilo. Si la conversación se fue a tres aplicaciones distintas, el acuerdo existe solo en la memoria de dos personas que recuerdan cosas distintas. Es una de las razones por las que tiene sentido usar una app para compartir piso en lugar de reconstruirlo todo de cabeza.
Y si además de la habitación lo que buscas es con quién compartirla, conviene saber antes de la visita con quién encajas: puedes buscar compañero de piso compatible con su perfil de convivencia delante y llegar a la visita con la mitad del trabajo hecho.
La versión corta
La habitación ya la has visto en las fotos. Ve a la hora en que vas a vivirlo, comprueba el agua caliente y las esquinas del techo, pregunta a los compañeros por qué se va el anterior y por qué discutieron la última vez, pregunta al propietario qué incluye el precio y qué contrato es, y escribe lo acordado antes de llegar a casa.
Son diez minutos de preguntas incómodas a cambio de un año tranquilo. Sale muy a cuenta.