Compartir piso con amigos: lo que conviene hablar antes

La amistad resuelve la confianza y no resuelve nada de la convivencia. Son dos cosas distintas, y confundirlas es por lo que un grupo que se llevaba perfectamente acaba sin hablarse.

doMate8 min de lectura

Coger piso con tus amigos parece la opción evidente. Ya os conocéis, ya os aguantáis, ya sabéis quién llega tarde a todo. Comparado con meterte a vivir con tres desconocidos de internet, no hay debate.

Y a la vez todo el mundo conoce el caso contrario: cuatro que se llevaban perfectamente y que a mitad de curso se hablan lo justo. No es mala suerte y no dice nada malo de la amistad. Es que la amistad resuelve una cosa y la convivencia es otra.

La amistad resuelve la confianza, no la convivencia

Lo que te da un amigo es enorme y conviene no quitarle valor: sabes que no te va a desaparecer sin avisar, que le puedes dejar la llave, que si tienes un mes malo no vas a tener que explicarlo. Con un desconocido eso tarda meses en construirse, si llega.

Lo que no te da es ninguna información sobre cómo se vive con él. No sabes cómo es a las ocho de la mañana, porque nunca has estado ahí. No sabes qué entiende por una casa limpia, porque habéis quedado en la calle. No sabes cómo reacciona cuando le debes cuarenta euros desde hace tres semanas, porque nunca ha pasado.

Son dos ejes distintos y no van juntos. Hay amigos con los que encajas altísimo en confianza y bajísimo en rutina, y gente con la que no saldrías nunca de fiesta y con la que convivirías perfectamente. Aceptar eso es todo el artículo.

Lo que a un desconocido sí le preguntas

Aquí está el mecanismo exacto por el que esto se rompe. A alguien que no conoces le preguntas sin problema a qué hora se levanta, cómo se organiza la limpieza, si su pareja se queda a dormir a menudo y cómo quiere repartir los gastos. No cuesta nada, porque no hay nada en juego.

A un amigo no se lo preguntas, porque preguntarlo parece desconfiar. Y así acabas firmando un año de convivencia con menos información de la que tendrías con alguien que conociste hace dos semanas en una app. Es el único caso en el que conocer a la otra persona te deja peor preparado.

La frase que lo desbloquea es fácil y funciona: «no lo pregunto porque no me fíe, lo pregunto para que dentro de unos meses no nos estemos evitando en el pasillo». Nadie se ofende con eso. Al contrario: normalmente el otro llevaba dos semanas queriendo sacar el tema.

El dinero, que es la conversación difícil

Entre desconocidos el dinero es una transacción: se debe, se paga, se acabó. Entre amigos se convierte en un favor, y los favores no se reclaman. Por eso pasan dos meses, la cifra crece, nadie dice nada y la cosa deja de ser por el dinero y pasa a ser por otra cosa.

Se previene con acuerdos aburridos, tomados antes de mudarse. Quién pone su nombre en cada suministro y qué compensación tiene por ello. Qué día del mes se paga. Qué se hace si alguien va a llegar tarde un mes — que va a pasar, y avisar antes no debería ser un drama.

La regla que ahorra más discusiones: que ningún gasto dependa de que alguien se acuerde. Domiciliado, repartido y a la vista de todos. Lo que conviene cerrar el primer día está en normas y gastos, y el detalle de cómo repartirlo, en cómo repartir los gastos sin discutir cada mes.

Quién se queda la habitación grande

Las habitaciones nunca son iguales. Una tiene balcón, otra da al patio, una es la mitad de la otra y hay una que en verano es un horno. En un grupo de desconocidos esto se resuelve rápido: se ajusta el precio o se sortea.

Entre amigos se resuelve con «a mí me da igual», que es la peor solución posible, porque a alguien no le da igual y lo va a recordar cada vez que entre en la habitación del otro. Dos métodos que funcionan: repartir el alquiler en proporción a lo que cada habitación vale de verdad, o sortearlas.

Lo importante no es el método, es cerrarlo antes de firmar. No el día de la mudanza, con las cajas en el pasillo y los padres de alguien mirando.

El que falta: cuando sois tres y el piso es de cuatro

Es la situación más común de todas y el momento más delicado del grupo. Ya estáis los tres, el piso que os gusta tiene cuatro habitaciones y hace falta alguien más. Y esa persona no entra en un piso: entra en un grupo que ya existe, con sus bromas de dos años y su historia.

Se falla de dos maneras. Por prisa, cogiendo al primero que aparece porque el propietario aprieta. Y por criterio, eligiendo al más simpático de los que escribieron, que no es lo mismo que al más compatible: con quien vas a convivir es a las ocho de la mañana, no de cena.

Lo que hay que buscar es que encaje en lo que se convive —horarios, ruido, limpieza, visitas—, no en lo que se sale. Y conviene que decidáis los tres, no el que tiene más prisa. En una app para encontrar compañeros de piso podéis ver el perfil de convivencia de cada candidato antes de hablar con nadie, que es justo la información que en un mensaje suelto no aparece.

En doMate eso es un vínculo: los tres os conectáis dentro de la app, buscáis al cuarto juntos y aparecéis unidos ante los propietarios. Quien llega os ve a todos, con vuestros perfiles, antes de comprometerse — y eso también le protege a él de entrar en un grupo que no le va a encajar.

Qué pasa si uno se va a mitad de curso

Es el escenario que nadie quiere nombrar cuando el grupo son amigos, y precisamente por eso conviene nombrarlo. Alguien deja la carrera, se va de Erasmus, se muda con su pareja o simplemente no aguanta el curso. Pasa todos los años.

Lo que ocurre entonces no depende de vuestra amistad, depende del contrato que firmasteis. Si es solidario, los que quedan responden por la parte del que se fue; si hay un contrato por habitación, no. Es la diferencia más importante del documento y la que menos gente mira: está explicada en quién responde si uno se va.

Y aparte del contrato, acordad entre vosotros qué esperáis: cuánto avisa quien se va y quién busca al sustituto. No es desconfianza, es la conversación que evita que esa persona sea el malo de la película por algo que no eligió.

La conversación de los diez minutos

Todo lo anterior cabe en una conversación, una sola vez, sentados, antes de firmar. No es un contrato entre amigos ni un documento: son cinco cosas dichas en voz alta, y se tarda menos de lo que parece.

Horarios reales, no los que te gustaría tener. Qué es una casa limpia para cada uno, con ejemplos y no con adjetivos. Visitas y parejas. Cómo y cuándo se paga cada cosa. Y el quinto, que es el que de verdad importa: cómo se dice que algo molesta.

Entre amigos el problema nunca es el conflicto, es el silencio. Algo molesta, no se dice para no romper el ambiente, se acumula tres meses y sale un martes cualquiera por un plato en el fregadero que no tenía nada que ver. Dejar dicho el primer día que las cosas se cuentan en el momento y sin dramatizar vale más que todas las normas juntas. Cómo sostener eso durante un curso entero está en convivencia en un piso compartido.

Lo que se da por supuesto y conviene decir en voz alta

Lo que damos por supuestoLo que conviene decir
«Nos conocemos, no hace falta hablarlo»Nos conocemos de fiesta, no de las ocho de la mañana
«A mí me da igual la habitación»Esta vale más, así que paga más quien la coja
«El dinero entre nosotros no es problema»Se paga el día 1, y si alguien va justo, lo dice antes
«Ya nos organizaremos con la limpieza»Turnos, y qué significa limpio con ejemplos
«Si algo me molesta, ya lo diré»Se dice en el momento, y no pasa nada
«El cuarto que entre, que sea buena gente»Que encaje en horarios y ritmo, no solo que caiga bien
«Nadie se va a ir a mitad de curso»Si pasa: se avisa con X tiempo y se busca sustituto entre todos

Y si al final no sois compañeros, seguís siendo amigos

Hay grupos que después de esta conversación deciden no vivir juntos, y es un buen resultado. Decidir que no encajáis conviviendo no es un rechazo: es lo que salva la amistad de un año regular. Nadie ha perdido un amigo por no compartir piso con él; al revés, sí.

Y si el grupo no cuadra, el plan que queda no es peor. Buscar piso compartido con gente elegida por compatibilidad funciona muy bien, y tiene una ventaja que el grupo de amigos no tiene: con un desconocido sí se habla de todo desde el primer día, porque no hay nada que proteger. Los dos caminos, comparados, están en buscar piso solo o montar el grupo.

La versión corta

La amistad te da confianza, no compatibilidad. Así que hazle a tus amigos las mismas preguntas que le harías a un desconocido: horarios, limpieza, dinero, visitas y cómo se dice que algo molesta. Cerrad la habitación y el precio antes de firmar, sabed qué contrato estáis firmando y dejad dicho qué pasa si alguien se va.

Diez minutos incómodos a cambio de no perder a nadie. Es el mejor cambio que vas a hacer en todo el curso.