Buscar piso solo o montar el grupo primero

Es la decisión que casi nadie sabe que está tomando, y condiciona el precio, las opciones que ves y con quién acabas viviendo. Los dos caminos, y el intermedio.

doMate·

Hay dos formas de acabar en un piso compartido. Una es entrar a un piso donde ya vive gente, ocupando la habitación que ha quedado libre. La otra es juntar primero a tus compañeros y buscar un piso entero para todos.

Casi nadie elige entre las dos: se hace la que salga. Y son caminos distintos, con precios distintos, calendarios distintos y una diferencia de fondo que pesa más que todas las demás.

La pregunta real: ¿eliges tú o te eligen a ti?

Todo lo demás sale de aquí. Cuando entras a un piso que ya funciona, el que eliges es el piso, y a ti te eligen las personas. Mandas un mensaje, te entrevistan, deciden. Puede salir estupendamente, pero la convivencia ya estaba montada antes de que llegaras y tú te incorporas a ella.

Cuando montas el grupo primero, eliges tú con quién vas a vivir, que es la variable que más determina si el curso va bien. Lo que pasa es que a cambio tienes que resolver un problema logístico: cuadrar a tres o cuatro personas con el mismo presupuesto, las mismas fechas y las mismas ganas. Ninguna de las dos es mejor. Dependen de en qué momento estés y de cuánta gente conozcas ya.

Entrar a un piso que ya funciona

Lo bueno. Hay oferta todo el año, incluso en noviembre o febrero, cuando los pisos enteros no se mueven. Entras solo, así que no dependes de que nadie más se decida. El desembolso inicial suele ser menor: pagas tu habitación, no adelantas un piso entero. Y si el piso funciona, te ahorras el trabajo de montar la convivencia desde cero: las normas, el reparto de gastos y los turnos ya existen.

Lo que hay que mirar. Las reglas ya están puestas y tú llegas a aceptarlas, no a negociarlas. La habitación que queda libre suele ser la más pequeña o la peor situada, porque las buenas ya están cogidas. Y estás entrando en un grupo que quizá lleva un año conviviendo: si hay un conflicto de fondo, llegas en mitad de él sin saberlo.

Por eso, en este camino, las preguntas antes de entrar importan más que en ningún otro. Cómo se organizan la limpieza, qué se comparte y qué no, si alguien está a punto de irse. Está en cómo elegir bien un compañero de piso.

Montar el grupo y buscar piso entero

Lo bueno. Eliges a tu gente, que es lo que de verdad decide si vas a estar a gusto. Accedes a pisos completos, que no siempre se anuncian por habitaciones y a menudo dan más espacio por el mismo dinero. Repartís las habitaciones entre vosotros según lo que cada uno prefiera y pague. Y tenéis más margen con el propietario: cuatro personas que llegan con el grupo hecho son un alquiler cerrado para todo el curso, y eso vale.

Lo que hay que mirar. Es más lento y más frágil. Hay que cuadrar presupuestos, fechas de entrada y zona con varias personas a la vez, y basta con que uno se caiga en julio para que el plan entero se tambalee. El desembolso inicial es mayor: la fianza legal del piso completo, una mensualidad, y a veces garantías adicionales de hasta dos mensualidades más (artículo 36 de la LAU). Y normalmente acabáis firmando un solo contrato entre todos que, si pacta la solidaridad, como es habitual, hace que cada uno responda de la renta entera si otro no paga. No es un detalle menor, y está explicado en contrato solidario o individual.

El camino de en medio, que es el que más se hace

Hay una tercera opción que casi nadie nombra y que en la práctica es la más común: un grupo que ya existe pero está incompleto. Dos amigos que buscan un tercero. Tres personas que ya viven juntas y necesitan cubrir una habitación en enero.

Es el mejor de los dos mundos y tiene su propia lógica. Para quien ya está dentro, permite elegir a quien entra en vez de aceptar a quien mande el propietario. Para quien llega, significa conocer al grupo completo antes de decir que sí, en lugar de ir descubriendo a sus compañeros de uno en uno.

En doMate eso es un vínculo: los que ya vivís juntos, o los que ya habéis decidido vivir juntos, os conectáis dentro de la app, buscáis al siguiente compañero en grupo y aparecéis unidos ante los propietarios. Una sola solicitud como vínculo, en lugar de cuatro solicitudes sueltas que el propietario tiene que cruzar de cabeza. Y quien llega os ve a todos, con vuestros perfiles de convivencia, antes de comprometerse a nada. Si quieres empezar por aquí, puedes buscar compañero de piso desde la app.

Los dos caminos no tienen el mismo calendario

Esto descoloca a mucha gente. El piso entero se decide antes. Mayo y junio son los meses en que se mueven, porque los grupos se organizan con antelación y los propietarios quieren cerrar el curso completo. La habitación suelta aparece todo el año, incluida la temporada baja de octubre a febrero, cuando alguien deja el piso a mitad de curso.

Así que si vas a montar grupo, tienes que empezar antes; y si vas a entrar solo, tienes más margen y menos competencia si te sales de septiembre. El detalle mes a mes está en cuándo empezar a buscar piso compartido.

Cómo decidir, en dos preguntas

¿Tienes ya al menos una persona con quien quieras vivir? Si la respuesta es sí, empieza por el grupo: montarlo es la parte lenta, y con uno ya hecho el resto viene rodado. Si es no, entrar a un piso que funciona es el camino corto, y siempre puedes formar grupo con ellos el año que viene.

¿Cuánto margen de tiempo tienes? Con dos o tres meses por delante, el grupo compensa. Con dos semanas, buscar habitación suelta es lo realista, y forzar un grupo a contrarreloj suele acabar con gente que apenas se conoce firmando un contrato conjunto.

Comparativa

Entrar a un pisoMontar el grupo
Quién eligeEllos a tiTú a ellos
OfertaTodo el añoSobre todo mayo-julio
Desembolso inicialMenorMayor
HabitaciónLa que quedaLa que repartáis
ConvivenciaYa montada, te adaptasLa construís vosotros
ContratoA menudo individualA menudo único para todos
Si alguien fallaNo te afectaSe cae el plan