Barcelona · Sant Antoni
Piso compartido en Sant Antoni
Sant Antoni es el vértice inferior del Eixample: un triángulo encajado entre la Gran Via de les Corts Catalanes, el Paral·lel, la plaça d'Espanya y la plaça Universitat. Está a pocos minutos a pie de Ciutat Vella y conecta con todos los polos universitarios de la ciudad en menos de veinte minutos. Su centro no es una plaza, es un mercado.
Cómo es vivir en Sant Antoni
El nombre viene de antes que el barrio. Junto a la muralla de Barcelona se levantó en el siglo XV el convento de Sant Antoni Abat, y allí estaba el portal de Sant Antoni, uno de los accesos más transitados de la ciudad amurallada: por él salía el camino que llevaba hacia la villa de Sants. Cuando las murallas se derribaron en el siglo XIX, quedó libre ese gran triángulo de terreno, y sobre él se formó el barrio que hoy conocemos.
Lo que le dio forma fue el mercado, y ahí está la mejor historia de Sant Antoni. Lo proyectó Antoni Rovira i Trias, el arquitecto que en 1859 ganó el concurso municipal para diseñar el ensanche de Barcelona: su plan radial se impuso al de Ildefons Cerdà por decreto del consistorio, pero el gobierno central de Madrid revocó la decisión y ordenó ejecutar el de Cerdà. Rovira i Trias perdió el Eixample, y años después construyó dentro de él uno de sus edificios más reconocibles.
El Mercat de Sant Antoni se terminó en 1882, con la estructura de hierro ejecutada por La Maquinista Terrestre y Marítima. Fue el primer mercado de alimentos cubierto construido fuera de las murallas, y ocupa una manzana entera del Eixample con cuatro cuerpos que forman una cruz sobre las diagonales del cuadrado, coronados por un cimborrio octogonal. Cuando se levantó apenas había casas a su alrededor: servía al barrio obrero del Raval. Desde el principio reunió tres mercados en uno —el alimentario, els Encants de roba y el dominical de libros—, y esa triple identidad se conserva. En 2007 se cerró para una renovación integral a cargo de Ravetllat, Ribas y Schmid, que recuperó los patios interiores como plazas públicas.
El resto de la fisonomía del barrio es fruto de las reformas vinculadas a la Exposición Universal de 1929, con la urbanización de los accesos a Montjuïc y la apertura de la avinguda de Mistral, un antiguo camino medieval de salida de la ciudad convertido hoy en eje peatonal.
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Sant Antoni es el barrio de la posición. Está pegado a Ciutat Vella sin ser Ciutat Vella, tiene la trama regular del Eixample con pisos amplios y de techos altos, y desde aquí se llega a la zona alta de la Diagonal, al litoral del 22@ y al centro en trayectos cortos. Eso lo convierte en una opción especialmente práctica cuando se comparte piso entre gente que estudia o trabaja en puntos distintos de la ciudad.
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